Para las familias hispanas, como la mía, proteger los estándares de emisiones vehiculares significa cuidar a nuestros hijos

Emily Zamora

*Este artículo originalmente se publicó en Univision

Soy mamá de uno de los seis millones de niños que sufren ataques de asma en el país. Por tal razón me alarmó y devastó la noticia de que la administración Trump ha iniciado el proceso para derogar los estándares federales de emisiones vehiculares. La eliminación de estas protecciones aumentaría la contaminación de nuestro aire y obligaría a las familias a gastar miles de millones de dólares adicionales en la compra de combustible. Además, estas acciones pondrían nuestras propias vidas en peligro.

Recientemente, mi hijo William de tres años fue diagnosticado con asma tras sufrir lo que fue su primer ataque. William es un niño energético y lleno de vida, por lo que verlo luchar por respirar me rompió el corazón. Y pensar que podríamos verlo sufrir otro ataque nos destroza.

Al revertir los estándares federales sobre las emisiones vehiculares, el gobierno de Trump le está haciendo los mandados a los cabilderos de la industria automotriz en Washington a costa del pueblo estadounidense y, en particular, de la salud de niños como mi pequeño hijo. Con estas acciones no solo aumentaría la cantidad de contaminación que se libera al aire, sino que también se socavaría el trabajo a nivel federal para combatir el cambio climático. En los Estados Unidos, la mayor fuente de contaminación de carbono que contribuye al cambio climático es el sector de transporte. Revertir los estándares de emisiones vehiculares expondría a millones de estadounidenses a mayores niveles de contaminación de carbono, lo que a su vez impulsará mayores efectos de cambio climático afectando la salud pública.

Debido a que la contaminación de carbono proviene de los vehículos diesel, mi familia y yo nos unimos a la campaña nacional Clean Buses for Healthy Niños de LCV Chispa que busca reemplazar la flota de autobuses escolares que consumen diesel por autobuses escolares eléctricos que no contaminan el aire que nuestro hijo respira. Por eso queremos que los gobernadores y senadores federales estadounidenses se comprometan en hacer realidad la transición a autobuses escolares menos contaminadores. Además, queremos que se opongan al plan del Presidente Donald Trump para socavar estos fundamentales estándares que disminuyen la cantidad de contaminación proveniente de los automóviles, camionetas y camiones o SUVs.

Revertir los estándares federales sobre las emisiones vehiculares llevará a un aumento en la contaminación que proviene del tubo de escape, la cual ha sido vinculada con múltiples problemas de salud, incluyendo el asma, la enfermedad respiratoria que sufre mi hijo. Y el asma es sólo la punta del iceberg: William al igual que otros niños asmáticos tienen mayor riesgo en desarrollar problemas cardiacos y respiratorios por respirar aire contaminado. Y, precisamente son las familias hispanas las que terminan pagando los platos rotos.

Los latinos y otras comunidades minoritarias suelen vivir en lugares con altos niveles de contaminación. En comparación con niños blancos no hispanos, los niños latinos son dos veces más propensos a morir por causa del asma. Las estadísticas son aún más alarmantes para niños afroamericanos, ya que son 10 veces más propensos a fallecer por causa de esta enfermedad respiratoria. Queda claro que proteger los estándares federales sobre las emisiones vehiculares significa cuidar de la salud de nuestros hijos y el porvenir de nuestras comunidades.

Además del impacto negativo que representa para la salud pública, revertir estos estándares también afecta la economía familiar, obligándolos a gastar más dinero por gasolina. Los estándares actuales le podrían ahorrar a los consumidores hasta 5,700 dólares por automóvil y 8,200 dólares por camioneta a lo largo de la vida útil del vehículo. Esto es dinero que podríamos gastar en otras necesidades como alimentos, alquiler de vivienda, cuentas médicas o cuidado infantil. Cada dólar que logramos ahorrar es una ayuda para nuestras familias.

En vez de proteger estos estándares que representan un ahorro para nuestros bolsillos y protecciones para la salud pública, la administración Trump prefiere asegurarle a sus aliados en las industrias petroleras sus ganancias millonarias. El plan descabellado de Trump afectaría inmediatamente y de peor manera a aquellos más vulnerables de nuestra población. El aire que respiramos estará más contaminado, el agua que tomamos estará más tóxica y nos enfrentaremos en mayor medida a los efectos del cambio climático.

La reciente renuncia del administrador de la Agencia de Protección Ambiental (en inglés, EPA), Scott Pruitt, es un paso acertado. Ahora el administrador interino, Andrew Wheeler, debe comprometerse a respetar y cumplir la misión de la EPA que se resume en proteger la salud pública y el medio ambiente. La EPA merece pasar la página y eso empieza con las acciones del administrador interino Wheeler respetando nuestras leyes ambientales, respaldando sus decisiones con evidencias científicas y priorizando las vidas de nuestros hijos por encima de los intereses especiales.

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